19.2.11

Galinhada da meia-noite no restaurante Dalva e Dito: programa cool



A modéstia é uma virtude que poucos associam ao chef Alex Atala.

Mas não eu. Acho ele modesto, juro. Isso ficou evidente, pra mim, ao ouvi-lo contar, na minha frente, as burradas cometidas quando ele abriu o Dalva e Dito. Ele fala em tom de resignação, sem culpar ninguém além dele próprio. Errou mesmo – como todos erramos.

Acho que requer modéstia para um chef daquela estatura admitir derrota, abaixar a cabeça, arregaçar as mangas e consertar a situação.

Pois foi o que ele fez. Venho observando, de longe, as melhorias, a retomada de rumo. Já faz muito tempo que aquele tal chef francês saiu da jogada – ainda bem (essa foi a burrada número um, ter colocado o cara para mandar na cozinha).

Hoje Alex cuida muito mais de perto do Dalva e Dito. Segurou a onda nos preços – (a burrada número dois foi inaugurar o lugar com preços bem acima do que o público esperava, elevando demais as expectativas).

Alex melhorou e simplificou o menu, inserindo nele clássicos paulistas, pratos de mãe com os quais ele tem uma ligação afetiva. Outra bola dentro.

Agora, mais uma bela sacada: recebi um press release contando que desde a semana passada tem rolado, aos sábados, uma galinhada da madrugada:´
“São Paulo sempre teve uma grande tradição boêmia, de bares que não fecham e de pratos da madrugada, como a sopa de cebola do CEASA, os café da manhã no hotel Maksoud Plaza e o sanduíche de pernil do Bar Estadão, entre tantos outros ícones da capital. O restaurante Dalva e Ditovem reforçar esta tradição da cidade com um prato especial que será servido aos sábados, à meia-noite: uma galinhada, acompanhada de arroz e pirão, que começa dia 12 de fevereiro.

Esta tradição nasceu dentro do restaurante D.O.M. A cada sábado, um cozinheiro da equipe da casa é designado para fazer o jantar para toda a equipe. O prato mais festejado sempre é a galinhada preparada pelo subchef Geovane Carneiro. A fama do prato ganhou a porta dos fundos de muitos restaurantes de São Paulo e, cada vez que é feita, cozinheiros e garçons de outros restaurantes aparecem para visitar.


O chef Geovane Carneiro, em foto
de Gabriel Rinaldi para Playboy



A fama continuou crescendo, e os clientes da casa começaram a pedir para fazer parte deste momento, que agora é aberto ao público no Dalva e Dito. A cada sábado, após a meia-noite, um grande bufê será montado dentro da cozinha do restaurante. O serviço será conforme a tradição: o cliente vai até a cozinha, pega seu prato e seus talheres e come à vontade.

Logo, a cozinha será feita com carinho e destinada a amigos e pessoas que compõe o cenário dos restaurantes, e os clientes podem se sentar ao lado de um garçom ou cozinheiro que já os serviu antes.  A galinhada sai por R$ 29 por pessoa. Bebidas, serviço e valet são cobrados à parte. O prato é servido em horário especial: das 0h às 3h, apenas aos sábados.



Dalva e Dito
R. Padre João Manoel, 1.155, Jardins.
Tel. (11) 3068-4444
www.dalvaedito.com.br

18.2.11

A morte de Santi Santamaria pelo olhar de Carlos Maribona

Slideshow de fotos no site do El País, aqui o link.... essa foto mostra Juan Mari Arzak, Pedro Subijana (de bigode), Ferran Adrià e Martin Berasategui no funeral do chef Santi Santamaría


Soube na quarta-feira. Calei-me até agora. Que dizer, diante de tamanha desgraça? Morreu, jovem, o chef Santi Santamaria, supõe-se, de ataque cardíaco. A notícia já deu umas dez voltas ao mundo, então não tinha pressa em repetir o que já foi dito. Ao pé deste post, divido com vocês links das melhores matérias que li a respeito.

Refleti.

Acho que poucos souberam falar do ocorrido com mais senso e conhecimento do que o grande Carlos Maribona, crítico gastronômico espanhol que por acaso estava no restaurante de Santamaría de Cingapura quando ele desmaiou e, em seguida, morreu. Reproduzo a seguir texto que ele publicou em seu blog, em que conta, tintim por tintim, como se passou tudo, e que importância isso tem para ele e para o mundo.






Santi Santamaría ha muerto. Así de fácil. Así de sencillo. Así de tremendo.

Siempre es complicado informar sobre la muerte de alguien. Pero cuando además esa muerte se ha vivido de cerca, es mucho más complejo. En un comentario de urgencia en el post anterior decía que ha sido un verdadero palo que me ha dejado profundamente afectado. Ya es casualidad que el chef de Santceloni haya venido a morir a Singapur. Pero mucha más casualidad es que, junto a un grupo de colegas, yo también estuviera en Singapur. Y no digamos nada si encima todo ocurrió en el mismo momento en el que ese grupo de periodistas españoles estábamos visitando su restaurante en este país asiático.

Santi era un gran cocinero. Así lo he escrito muchas veces. Había discrepado con él en varias ocasiones, pero más en las formas que en el fondo. Siempre aceptaba las críticas con deportividad. Y con la inteligencia y la cultura que poseía -como muy pocos de sus colegas- podíamos entrar en largos e interesantes debates. Él intervino muchas veces en este blog para rebatir algún comentario o para exponer sus puntos de vista. Y me citaba con frecuencia en el suyo. Nos llevábamos muy bien. De hecho fue él quien me invitó a unirme a este viaje a Singapur porque tenía mucho interés en que conociera el trabajo que junto a su hija Regina, que dirige el restaurante SANTI en el lujoso hotel Marina Bay Sands, y el resto de su equipo llegado de España, están haciendo aquí. Anoche mismo compartíamos charla mientras brindábamos con unos gin tonic por el nacimiento de su primer nieto hace apenas una semana.


Como les he venido contando, habíamos venido a Singapur un pequeño grupo de periodistas españoles junto a colegas de otras partes del mundo para asistir a la inauguración de un museo de las artes y las ciencias en este descomunal hotel de Singapur, con más de 2.500 habitaciones y todo tipo de instalaciones, incluidos siete restaurantes dirigidos o asesorados por cocineros de primer nivel. Precisamente todos ellos habían dado una rueda de prensa sobre las cuatro de la tarde hora local (siete horas más que en España). Allí estaban, con Santamaría sentado en el centro, Mario Batali, Tetsuya Wakuda, Guy Savoy, Daniel Boulud o Wolfgang Puck.

Me llamó la atención lo locuaz que fue el chef de Sant Celoni, que habló bastante sobre la importancia de su presencia en Singapur, su apuesta por la cocina mediterránea y por el producto español y la filosofía de su trabajo. Algunas personas próximas contaban que le habían visto algo más nervioso de lo habitual, tal vez por el fuerte estrés de estos días.

El plan de la organización consistía en que los periodistas presentes, divididos en grupos, fuéramos rotando a lo largo de la tarde por esos seis restaurantes para conocerlos, charlar con los chefs y probar algunos de sus platos aunque en raciones mínimas. El tercero que visitábamos los españoles, a eso de las 19,30 hora local (12,30 en España), era precisamente SANTI. Santamaría nos recibió en la puerta, cariñoso como siempre, junto a su hija Regina, directora del restaurante. Allí dio unas palabras de bienvenida, que Regina tradujo al inglés porque en el grupo había algunos angloparlantes, e inmediatamente pasamos a la cocina, donde se servían los platos que había preparado para la ocasión, todos en forma de tapas: gazpacho, ostras en escabeche, pinchos morunos, pulpo con romesco, pan con tomate y jamón ibérico (que se cortaba al momento en la cocina), y unos buñuelos de chocolate. Allí hablé por última vez con él, comentándome que había preparado una cosa ligera y rápida teniendo en cuenta que la visita de cada grupo estaba programada para unos 25 minutos. Hablamos del jamón y de lo buena que estaba la ostra escabechada.

Y allí lo dejé para pasar al comedor donde uno de los maîtres españoles de su equipo, al que conocía de Madrid, me invitó a pasar a probar su tabla de quesos. Allí estaba cuando se produjo la desgracia. En presencia de otros colegas como Cristino Álvarez o Mikel Zeberio, muy amigos suyos ambos además, Santi se desplomó inconsciente, al parecer víctima de un ataque al corazón. Y ya no se recuperó. Lo llevaron con urgencia al hospital, acompañado en la ambulancia por su hija Regina y algún miembro de su equipo, y allí falleció unas horas después. Por diversos motivos que no vienen al caso, tal vez para no impresionarnos, la noticia de su muerte no nos la han dado los organizadores hasta que ya se había hecho pública por internet. Los que estábamos aquí, con él, hemos sido los últimos en enterarnos. Suele pasar. En cualquier caso ha sido un tremendo mazazo para todo el grupo español. Un viaje ilusionante truncado por una desgracia tan tremenda.

No les voy a contar aquí la biografía de Santi. Ni que era el cocinero español con más estrellas Michelin (siete en total, tres en Can Fabes, dos en Santceloni y una en Evo y en Tierra), ni que sólo tenía 53 años, ni que antes de abrir Can Fabes en 1981 había sido diseñador industrial, ni siquiera de sus ácidos enfrentamientos con Adriá y restantes cocineros de vanguardia, ni de sus libros, que fueron muchos aunque sólo se recuerde el más polémico, La cocina al desnudo. No es momento para eso porque seguro que ni siquiera los que arremetieron contra él con dureza extrema se van a acordar de ello estos días.

Nos quedamos con el Santi excelente persona. Con el tipo inteligente y culto, gran escritor de artículos (sin negro, todos él) y de libros imprescindibles. Con el grandísimo cocinero. Con el defensor a ultranza del mejor producto y de la cocina del terruño. Con el formador y maestro de cocineros de lujo. Con el empresario arriesgado capaz de expandirse primero por España y luego por el mundo, como demuestran Ossian, en Dubai, y este Santi de Singapur al que ha venido a morir. Con el abuelo feliz que anoche brindaba por su primer nieto, al que apenas pudo ver en sus primeros días de vida. Con el profesional, genio y figura, que ha muerto, como los grandes, con las botas puestas (la chaquetilla), al frente de una cocina. Descanse en paz Santi Santamaría.



Cliquem aqui para visitar o blog Salsa de Chiles, de Carlos Maribona.

E mais:

Matéria com vídeo na Telecinco espanhola sobre a morte do chef, levantando a possibilidade de terem demorado demais a socorrê-lo quando desmaiou.

17.2.11

Os cinco pratos mais incríveis que comi recentemente


Um amigo me perguntou essa semana quais os pratos que mais me marcaram nos últimos tempos. Pensei.... pensei.... e, sem contar algumas criações tecnoemocionais mirabolantes, totalmente hors concours, ou tampouco os maravilhosos sushis e sashimis que andei devorando em São Paulo, eu diria a ele que meus top 5 são os seguintes (não em ranking, todos igualmente fantásticos):


1 - Vitello tonnato do Manzo, o restaurante italiano dentro do EATALY, o megamercado gourmet do Mario Batali em Nova York (200 5th Avenue, tel. (212) 229-2180, http://eatalyny.com)




2- O incrível lagostim que se esconde debaixo desse emaranhado de crisps de alcachofra e pupunha. Muito mais gostoso do que essa péssima foto indica, o bicho vem servido sobre um purê frio de pistaches. Maravilhoso jogo de texturas, e show de originalidade do chef Felipe Bronze, que está em ótima fase. Seu novo restaurante ORO, no Jardim Botânico (literalmente em frente ao Olympe), é não só ótimo como divertido - alta cozinha sem frescuras. Depois conto (e mostro) mais.



Aqui, o mesmo lagostim em foto de divulgação:



3 - Um prato do D.O.M. que me fisgou não pela carne perfeitamente rosada por dentro, mas que o chef varia e costuma substituir por costelinha, mas sim pelo acompanhamento: mandioca à Brás! Ultramega crocantes os palitinhos de mandioca, depois passados nos temperos clássicos: gema e cebola caramelada.




4- Quem diria... o prato com mais cara de chique eu comi em uma... churrascaria! Quer dizer... churrascaria é sacanagem, mas o Asador Etxebarri, perto de Bilbao, é um restaurante bem simples de coisas feitas na grelha. Mítico entre chefs e foodies. A melhor "refeição simples" de minha vida, jurpurdeus.

Esse ovo.... ai ai... que dizer dele além de que nunca vi alguém casar melhor a santa trindade ovo-trufa-batata (nesse caso roxa). Colheradas de céu.

 
 


5 - Creme de chocolate com flor-de-sal e azeite do Tapas24, o bar de tapas mais cool e delicioso de Barcelona.




Ahhh.... era para ficar em cinco pratos, mas como posso deixar de fora o rei de todos? Sem dúvida, o prato mais puramente saboroso deste início de 2011 foi esse aqui, preparado pelo Rodrigo Oliveira do Mocotó:


Paleta de cordeiro recheada com copa (o pescoço do cordeiro), com cuscuz de farinha d'água. O melhor cordeiro que já provei no Brasil! Nada neste mundo é à toa: o cordeiro era bom daquele jeito porque vem de um super produtor - uma família, na verdade, que não faz outra coisa senão criar os bichinhos para depois abatê-los. Dedicação total.
E qualquer coisa com farinha d'água, para mim, é covardia - eu adoro. Mas esse cuscuz, que tinha também jerimum e pimenta cambuci, era chose de lóc.

p.s. post sobre o Mocotó em breve, prometo. Quem nunca foi nem imagina o que está perdendo!

14.2.11

Hotel Fasano Rio, em Ipanema: a piscina é um shpetáculo!



Há coisas que a gente não precisa explicar. Mostrar, já basta... Como, por exemplo, minha tarde de dolce far niente na piscina do Fasano.















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